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Lavaderos, Confesiones, Chismes, Piropos Y Ligues

Los antiguos lavaderos eran lugares para lavar la ropa y verdaderos puntos de encuentro. Las mujeres compartían trabajos, alegrías y penas. Y los hombres aguardaban entre chanzas a que terminaran las mozas para verlas, piropearlas y, si era posible, acompañarlas a su casa. Hoy, casi en desuso, no han perdido su encanto. 

La Manchuela todavía un buen puñado de estos espacios singulares, algunos de gran belleza. Unos ocupan un lugar de honor dentro del pueblo, otros son protagonistas de encantadores parajes escondidos. En “100 Senderos en La Manchuela” te proponemos una larga ruta por algunos de ellos. Se trata de una de esas rutas que es necesario hacer en coche, incluso dedicarle dos días.

En esta ocasión arrancamos en Abengibre, cuyo lavadero recoge las aguas de la Cueva de la Chaparra. Está dentro del pueblo y adosado a la pared del Cerro del Villar. Su construcción data del año 1926, es de piedra y adobe y su cubierta de cañizo y teja árabe. Junto a este encontraremos la Fuente de los Seis Caños.

Desde allí saltamos a Fuentealbilla, donde, al final de la cañada que divide en dos el pueblo, podemos visitar el último de los tres lavaderos que tuvo la localidad. Fue edificado en la década de los 50 del siglo pasado y presenta una curiosa cubierta de cañón rebajada de ladrillos.

Tomamos después dirección al rio Cabriel, más exactamente hacia la aldea de Tabaqueros (Casas Ibáñez), situada en las estribaciones de La Derrubiada. Allí, el cauce del Arroyo de la Aldea provoca en su descenso la formación de tollos. En uno de ellos encontraremos el antiguo lavadero de este pueblo. Una pila construida contra la pared que recoge las aguas que escurren por la piedra y las conducen al lavadero.

Más abajo del Cabriel, en Cilanco, una pequeña aldea de origen romano ofrece al viajero hasta tres lavaderos distintos. Todos ellos alimentados por las aguas subterráneas tibias, como no podía ser de otra manera en la pedania de Villatoya, localidad manchuela famosa por sus aguas termales.

Acabamos esta ruta en Carcelén, municipio pródigo en fuentes que manan allí donde confluyen sierra y llano. Allí el macizo de La Muela recoge el aguad de lluvia y la va filtrando por sus grietas, simas y galerías, para arrojarlas montaña abajo, donde el hombre ha ideado mil y una formas de aprovecharla. Algunas de estas fuentes, como la de La Noria y los Pimenteros, abastecen en Carcelén dos lavaderos, uno cubierto, y otro al aire libre.

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