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Motilleja

Motilleja es un municipio fundamentalmente agrícola que se encuentra situado en el sector noreste de la provincia albacetense, en la comarca de La Manchuela. En este territorio distintas civilizaciones antiguas de la Península dejaron su huella, a la vista de los numerosos vestigios conservados con el paso de los siglos: yacimientos de poblamientos ibéricos, restos de calzadas y villas romanas, fortalezas árabes, castillos medievales, iglesias, murallas, puertas blasonadas, etc.
El pueblo de Motilleja se encuentra en una pequeña elevación de la llanura manchuela, cercana, siquiera 2 Kilómetros, al río Júcar. Muchas fueron las aldeas que en torno al río surgieron al amparo del núcleo urbano motillejano, poblando la ribera del río. Los años 60 y 70 del pasado siglo produjeron el mayor descenso demográfico de la población, tanto en las aldeas del río (hoy todas desaparecidas) como en el pueblo propiamente dicho, debido a la emigración a las ciudades (Valencia, Barcelona, Albacete, y también a Francia) de cientos de personas en busca de nuevas oportunidades de vida y trabajo. El cambio tan importante de las faenas agrícolas que supuso la transformación en regadíos de las tierras de secano frenó la caída demográfica y estabilizó la población actual.
La iglesia parroquial es de estilo barroco y, con su gran torre, se impone en el llano motillejano. Se terminó de construir el año 1787 y mantiene su advocación a Santa Ana, patrona de la localidad. A los pies de la iglesia se encuentra la Plaza Mayor, pequeña y coqueta, de urbanismo cerrado y con un antiguo reloj de sol. Las calles de la población son largas y rectas de marcado carácter manchego.
La artesanía más destacada de Motilleja es el encaje de bolillos que elaboran con esmero muchas mujeres de la población.
El motor económico motillejano, como ya queda dicho, lo constituye la agricultura de regadío, apoyada y promocionada con firmeza en las últimas décadas con el fin de consolidar y favorecer la estabilidad y la calidad de vida de los habitantes de este pueblo.
A la hora de comer, toda una amplia cultura gastronómica basada en los productos del terreno se descubre al paladar. Así, platos como el ajo de mataero o atascaburras (cuyo principal ingrediente es la patata), los gazpachos, realizados con una torta de pan cenceño, los potajes de legumbres, las gachas, guisadas con harina de guijas, o la caldereta de cordero, pueden convertirse en suculentos manjares para cualquier comensal ávido de encontrar los nuevos y ricos sabores de estas tierras. Sin olvidar el champiñón como producto estelar y aglutinador de la comarca.
Por otra parte, los vinos de la Manchuela son excelentes y de gran calidad, ya sean tintos, blancos o rosados, y son etiquetados cualitativamente bajo la denominación de origen Manchuela.
Y los dulces, siendo los más populares las tortas de manteca, los sequillos, los rolletes de sartén y los mantecados de almendra, que se pueden encontrar en cualquier tahona de nuestros pueblos.

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